Indicadores de que debo ir al psicólogo

8 INDICADORES DE QUE DEBO ACUDIR AL PSICÓLOGO

  1. Tengo cambios de humor bruscos: Cambiar de estado de ánimo es algo normal y todos pasamos por diferentes estados de ánimo cada día. El problema surge cuando esos cambios se dan de manera rápida, repentina y sin causa aparente. Mantener un estado de ánimo equilibrado, es un síntoma de buena salud mental.

  2. Tengo problemas en mis relaciones sociales: Cuando muchas de tus relaciones sociales no funcionan, algo va mal. En ocasiones, cuando no estamos bien, la calidad de las relaciones sociales se ve afectada porque nos apetece menos salir (incluso puede no apetecernos nada), disminuyen nuestras ganas de hablar con los demás o no nos sentimos cómodos con amigos o familia. Hay que estar atento porque, si varias personas nos dicen que nos ven raros o que no nos ven bien, normalmente, suelen tener razón.

  3. No me valoro y tengo baja autoestima: Siento que no aporto nada interesante, que no valgo la pena, que no importa cómo yo me sienta o lo que pienso… Creer que no somos valiosos como personas o que no tenemos cualidades positivas, es un indicio claro de que necesitamos la ayuda de un psicólogo para que nos haga cambiar esta creencia falsa y que tanto daño y desgaste genera.

  4. Me preocupo en exceso: Si sientes que “te ahogas en un vaso de agua”, quizás sea el momento de pedir ayuda. Debes valorar si te preocupas mucho por cosas que no tienen demasiada importancia, ya que puede suponer una limitación en otras áreas de tu vida. Debemos ser conscientes de que no podemos tener todo controlado, ni podemos hacer que salga todo perfecto. Dar vueltas constantemente a las mismas ideas, es perjudicial.

  5. Padezco dolencias físicas que no tienen causa médica: Cuando tienes problemas físicos, pero los médicos confirman que no tienes ninguna enfermedad que lo justifique. Muchas veces, la ansiedad se puede camuflar y generar dolores en diferentes partes del cuerpo (las más comunes son jaquecas, problemas de estómago, erupciones en la piel…). Al acudir a un psicólogo y solucionar el malestar emocional, los síntomas físicos irán remitiendo hasta desaparecer.

  6. Duermo mal: Padecer insomnio o cualquier otra alteración del sueño, es un indicador claro de que algo va mal. Dentro de los problemas del sueño, incluimos: dificultad para conciliar el sueño, dormir con despertares constantes, despertarse en mitad de la noche y no ser capaz de volver a conciliar el sueño, dormir demasiado, tener sueño constantemente… Cualquier alteración de este tipo debe ser consultada por un especialista para averiguar si hay algún motivo físico o emocional que lo provoque y poder tratar este problema y conseguir recuperar un sueño reparador, ya que es fundamental para que el resto de las áreas de la vida funcionen correctamente.

  7. Tengo pensamientos negativos constantemente: Sentirse a gusto cuando te invaden constantemente pensamientos negativos, es muy difícil. Es importante aprender a manejar esos pensamientos para que no interfieran en tu vida cotidiana y conseguir “darles la vuelta” para poder ir viendo las cosas de forma más positiva y menos catastrofista.

  8. Estoy triste sin una causa aparente: Si te encuentras triste de forma continuada y sin tener ningún motivo al que achacarlo, es posible que necesites la ayuda de un psicólogo. La tristeza es una emoción normal y adaptativa en el ser humano, pero si aparece de forma prolongada, con alta intensidad o no se corresponde con nada que nos haya pasado como para provocar esa tristeza, podemos estar ante un problema. Muchas veces, esa tristeza va acompañada de lágrimas, y lloramos con frecuencia, sin tener claro porqué (más allá de la explicación de que “estoy triste y no sé por qué, ya que tengo todo lo necesario para ser feliz”). En ocasiones, esta tristeza sin tener un motivo objetivo, va acompañado de culpa por no poder disfrutar de las cosas buenas que uno tiene o de los esfuerzos que los demás hacen para que estemos felices.

  9. Me siento cansado y sin energía: El malestar emocional puede producir cansancio o sensación de agotamiento aun sin haber hecho grandes esfuerzos físicos. Es un síntoma de que algo no está siendo gestionado de forma adecuada, y hace que el cansancio sea tanto físico como emocional: se pueden dar también dificultades en la memoria, atención, percepción…