Emociones ante la segunda ola del coronavirus

En la situación en la que estamos, y con la idea de un nuevo confinamiento rondando en la cabeza de todos, es normal que aparezcan emociones que nos pueden resultar desconcertantes e incluso desagradables.

Las emociones que seguramente estarán apareciendo y aparecerán con más frecuencia a lo largo de estas semanas, son algunas de las siguientes: (Es importante tener en cuenta que nadie va a experimentar todas ellas a la vez, y que irán apareciendo en momentos y situaciones puntuales, para ir dejando paso a otras):

  • Tristeza: es probablemente una de las emociones que más se siente en estos días. Es entendible sentirnos tristes porque pensábamos que, tras la primera ola y la vuelta a la “normalidad” (niños en los colegios, la gente retomando las rutinas de volver presencialmente a sus puestos de trabajo…), lo peor había pasado y podríamos continuar con nuestras vidas únicamente con las medidas de mascarilla, higiene de manos y distancia social. Estamos comprobando que sólo con esto no basta y tendremos que poner más de nuestra parte para terminar con este virus de una vez por todas. Esto, genera tristeza y pena al pensar en todo lo que nos hemos perdido (vacaciones en verano, fiestas populares…), nos estamos perdiendo (paseos con amigos, comidas y cenas en bares o restaurantes…) y nos vamos a perder en el fututo y mientras dure esta situación (celebraciones navideñas en familia, cabalgata de los reyes magos, fiestas de año nuevo…). Sobrellevarlo será más fácil si confiamos en que más pronto que tarde podremos recuperar este tiempo perdido y hacer esas cosas que ahora no estamos pudiendo.
  • Desesperanza: nos sentimos desesperanzados al no poder ver la luz al final del túnel. Vemos la lucha contra este virus como algo largo, y que, para ganarle la guerra, nos quedan todavía muchas batallas por el camino; un camino que será especialmente duro para muchas personas y familias. Debemos permitir este tipo de emociones, pero durante un tiempo limitado, tratando de conectar con emociones más positivas después de habernos desahogado.
  • Añoranza: En muchos momentos, añoramos la vida que teníamos antes: esa vida en la que nos dábamos besos y abrazos con la gente, nos tocábamos unos a otros sin preocupación y podíamos compartir todo sin tener que lavarlo luego a conciencia. Es normal anhelar esa vida y desear que las cosas vuelvan a ser tan “fáciles” como eran antes. Tratemos de pensar en las cosas buenas que tenemos ahora y de las que sí podemos disfrutar.
  • Miedo: No podemos olvidarnos de esta emoción, que fue la gran protagonista en la primera ola y que vuelve a aparecer con fuerza en esta segunda etapa. Es lógico sentir miedo al contagio (el nuestro y de los nuestros), pero no debemos dejar que nos paralice y nos impida vivir. Debemos ser responsables y cuidadosos, pero eso no significa paralizar nuestra vida por completo.
  • Incertidumbre: El no tener claro qué está pasando y hasta cuándo durará, hace especialmente difícil sobrellevarlo. La incertidumbre genera falta de control, y es normal sentirse perdido cuando vivimos situaciones que escapan a nuestro conocimiento y nuestro alcance. Tenemos que intentar no estar todo el día pensando en lo mismo, ya que eso sólo hace que seamos más conscientes de esta falta de control, y hará que aumente la ansiedad y la sensación de angustia.
  • Rabia: Es normal sentirnos enfadados en situación de pandemia. Este enfado puede ser dirigido hacia alguien (personas a las que podemos poner como responsables de esta situación, aquellos en los que depositamos esperanza y no han conseguido resolverlo, personas que han fallecido y nos han dejado a causa de esta terrible enfermedad, Dios u otros elementos divinos y sobrenaturales…) o puede ser un enfado inespecífico que general mal humor frecuente y otras reacciones desagradables. Debemos intentar que la rabia no se apodere de nosotros ya que sólo nos hará sentirnos peor y terminar sintiendo culpa por haber tenido reacciones inadecuadas con las personas que más cerca tenemos.